Actualmente, la gran mayoría de las explotaciones porcinas de todo el mundo utilizan dietas basadas en maíz y harina de soja. Al compararlas con los requerimientos de aminoácidos de los cerdos, la lisina y la metionina destacan como el primer y segundo aminoácidos limitantes, respectivamente, en dichas dietas de maíz y harina de soja; por consiguiente, su suplementación es frecuentemente necesaria.
Los aminoácidos esenciales para los cerdos incluyen lisina, metionina, triptófano, fenilalanina, leucina, isoleucina, valina y treonina. La harina de soja es rica en lisina y triptófano, mientras que el maíz contiene niveles relativamente más altos de metionina; por lo tanto, combinar maíz y harina de soja permite una complementariedad mutua de aminoácidos, logrando así un equilibrio nutricional superior.

Una deficiencia de aminoácidos esenciales conduce a una reducción en la síntesis proteica endógena. Esto, a su vez, desencadena una cascada de alteraciones relacionadas con el metabolismo proteico y la síntesis de enzimas asociadas dentro del organismo. La manifestación principal de dichas deficiencias es un crecimiento deficiente, y en casos graves, incluso puede precipitar trastornos metabólicos.
La lisina se utiliza principalmente para la deposición proteica y desempeña un papel mínimo en los procesos reguladores del metabolismo. La metionina, por el contrario, cumple una función más compleja: además de contribuir a la deposición proteica, participa estrechamente en el metabolismo de compuestos que contienen azufre dentro del organismo. Asimismo, la metionina puede utilizar sus grupos metilo para metilar sustancias tóxicas o compuestos farmacéuticos, facilitando así la desintoxicación.